Gestación
Parecía que el túnel
albergaba luz.
Pero, cuando llegaste,
llegó un dolor antiguo.
- Lo siento, y te lo
devuelvo, abuela.
Yo quiero tener
una buena vida-
Entonces llegó el odio.
Y vi en ti a aquel que abandonó.
Pero tú eres otro.
Tú eres otro.
Y merece la pena
conocer quién.
Llegó entonces la traición.
A veces me empujabas.
Otras, caía yo sola.
No pude ordenar mi cuerpo.
ni gritar ¡basta!
ni plegarme.
Tuve que hacer, y deshacer,
andar, y desandar,
desdormir, descomer,
desvivir.
Y la traición se instaló
hasta el día de la sangre.
Fue todo el miedo al cuello
pero tuvo su función.
Por fin el placer
por encima del deber.
De lo sano, de lo justo,
de lo amable.
¿Dónde se escondió la fiera?
Y volvimos.
Y estoy firme y a la escucha.
A veces me resbalo,
pero creo que cabemos.
Me agarras la alegría
con tu mano lenta,
y suenas en mi cuerpo
como una primavera.
La luz nos devuelve
nombre y amor;
la luz habita, cierta,
en cada túnel.
Nos acomodamos para
este vuelo, ven, pequeña,
te esperamos estudiando
el suelo y confiando
en todos los cielos.
Eres sol imprescindible.
No hay tú, o yo.
Hay nosotros.
Porque eres limón
en mis rincones,
y me traes al salón
del centro de mi luna.
Cabe la salud
en nuestro íntimo encuentro,
y salgo a buscarte
adornada en verde.

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